¿Yo pecador?

¿Yo pecador?

Autor:
18/07/2019

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Por: Iván Ramírez

Los primeros mensajes de Donald Trump en su campaña rumbo a la Presidencia de los Estados Unidos de norteamérica parecían un chiste.  Pues sus discursos sonaban locos y desesperados,  porque en todos ellos la xenofobia estaba presente y se suponía que eso había quedado enterrado en la historia junto con los restos de Hitler.  La mayoría de los analistas lo vieron como un payaso que le ponía sal y pimienta al proceso electoral.

Pero alguien considerado uno de los hombres más ricos de su país no debía ser tomado como un tonto y menos un loco. Él sabía de los problemas económicos domésticos, pues el modelo gringo, tipo Disneylandia, formo ciudadanos que viven y mueren debiéndolo todo, sus carros, casas, educación ¡todo! Y ahora que las tarjetas de crédito no pasaban y el trabajo que les vendieron en el “sueño americano” no llegó, las personas hicieron lo que históricamente suelen hacer en estos casos y en casi cualquier lugar del mundo, cuando esto sucede se buscan culpables que no sean uno mismo.

Trump no despertó la xenofobia, sólo ánimo a la población a mostrar lo que en realidad sentía y ese sentimiento lo encausó a las urnas. La gente allá y aquí, envidia y disfruta que la envidien; en mayor o menor grado, la gente se consuela con la desgracia del otro o hasta la disfruta; prefieren y preferimos señalar al frente antes de asumir nuestra responsabilidad.

La condición humana es carne cruda, una realidad que solemos disfrazar con remordimientos que no nos quiten mucho tiempo o dinero. Al parecer en nosotros hay un gen oculto y casi universal, en el que la maldad o falta de empatía se refugia; un gen que nos distorsiona constantemente el concepto de justicia y por eso hay hombres y mujeres buscando quién se las pague y no a quien se las hizo. Vemos en las calles como imágenes religiosas tatuadas en un brazo, se contraen cada vez que la mano presiona con fuerza una navaja o en las misas observar a personajes de la política, que al tacto, pintan de rojo el agua bendita.

Masacres como la de 1911, en Torreón Coahuila, en la que fueron acribilladas decenas de familias chinas asentadas en esa región, familias huyendo de la hambruna en sus comunidades. Hechos cubiertos por una manta de indiferencia,  vergüenza o para evitar ser estigmatizados en los libros de texto.  Una investigación del periodista Delfino Ríos -quien fuera testigo-  y publicada por la BBC, habla de una violencia extrema, sobre todo contra aquellos chinos que tenían negocios. El detonante o pretexto, fue una acusación de haberse aliado con las fuerzas de Porfirio Díaz siendo los mismos pobladores quienes saquearon los negocios y asesinaron con saña a hombres, mujeres y niños.  Escribió el periodista Delfino Ríos “la forma de asesinato revela un odio que va mucho más allá de la lucha o de una cuestión de guerra”.

Nos indignamos por el trato a nuestra gente al otro lado del río Bravo, pero replicamos ese mismo trato con quienes cruzan la frontera sur de nuestro país, es más, a veces, de peor forma.

Jaques Rousseau decía “El hombre es bueno por naturaleza pero actúa mal, forzado por la sociedad que le corrompe”, mientras que Nicolás Maquiavelo sostenía “El hombre es por naturaleza perverso y egoísta”…

¿Usted qué opina, amigo lector?

 

 

 

 

 

 

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